
IDEA GENERAL DE LA SAGA MARINERA ESPAÑOLA:
La finalidad de esta saga no es otra que mostrar los momentos principales de la historia particular de nuestra Real Armada, buenos, regulares y malos, de forma cronológica, con las prendas de diferentes colores que en cada momento aparezcan por el camino.
Comencé la Saga en la segunda mitad del siglo XVIII y pienso rematarla en la desastrosa Guerra Civil, que diera comienzo en 1936. Por esta razón, quienes hayan disfrutado de algunos de los volúmenes ya publicados, habrán encontrado ejemplares en los que se detallaban gloriosas y sangrientas batallas, otros de famosos descubrimientos o acciones corsarias de renombre, cuadernillos con temporales de olas montañosas capaces de engullir una catedral de tres cuerpos, pero también algunos de ocaso general, con escasa mar y graves problemas interiores. Me refiero, ahora en concreto, a los negros tiempos en los que se repetía de norte a sur y hasta en las estancias del palacio real, encabezados por el infame Deseado entre sonrisas, aquella frase que tan claramente indicaba la triste realidad: “La Marina, poca y mal pagada”. A esa frase doliente, más propia de bribón tahonero, debo añadir que, desde luego, muy escasa y peor pagada se encontraba la sufrida Institución marinera por aquellos años posteriores a la guerra contra el francés, pero con el honor de sus hombres a salvo y a resguardo de toda mancha. Y pocos eran los que podían presumir de tal condición en aquella camarilla real de innobles sentimientos y bastardas pretensiones.
He repetido en otras obras de esta Saga que, al exponer la historia de los pueblos no debemos ceñirnos a sus momentos de gloria solamente. Se trata de una táctica empleada por casi todos los autores dedicados a estas colecciones de novela histórica naval, que considero un gran error. Nuestra propia historia, como la de las demás naciones, muestra páginas de los más diferentes colores. Pero es importante exponer los lances negros, que también forman parte de nuestra sangre sin posible evasión. Hay quien asegura que la Historia conforma un conjunto de hechos en permanente repetición, como olas que arriban sin cesar a las playas. No obstante, defiendo que de esas páginas debemos extraer las necesarias lecciones y evitar atravesar las mismas o parecidas roderas, donde se desguazaron tantos anhelos patrios.